A vueltas con las guardias

Supongamos que tenemos a Tere, residente de segundo año que después del MIR empezó a trabajar en un hospital de una ciudad de más de un millón de habitantes. Tere está allí para empezar a ejercer su profesión, para aprender los procedimientos y la praxis de lo que ha estudiado hasta ahora en modo eminentemente teórico. Pero también se traga unas guardias monstruosas de veinticuatro horas en las que combina la tarea propia de su especialidad con las eventuales urgencias que se presentes. A veces acude a esas urgencias habiendo dormido quince minutos en todo el día y sin tener muy claro ni cómo se llama.

Una cabezada cuando se pueda.

Foto: Gabriel S. Delgado

Es una situación inventada, pero seguramente he descrito algo que muchos médicos encontrarán muy familiar. Las guardias siguen siendo en muchas ocasiones un modo barato y fácil de tener un médico siempre presente en un centro de salud; muchos profesionales de más edad sacuden la cabeza condescendientemente cuando escuchan a un residente quejarse: ellos pasaron por lo mismo, es decir, las guardias son una especie de “mili” que todo médico debe pasar por curte, endurece y algunos lugares comunes más.

Pero, ¿son necesarias las guardias, están bien distribuidas, corren riesgos los pacientes por el posible cansancio del médico de guardia que les atiende? ¿La guardia es un bien para la formación del doctor o es un caldo de cultivo de médicos zombies?

Queremos escuchar a los profesionales de la medicina para saber qué opinan de las guardias, si habría métodos alternativos, si las 24 horas son razonables y responden a un motivo de peso. Aquí, de momento, dejamos unas cuantas opiniones al respecto:

Las guardias médicas

Residentes de guardia (leed también los comentarios, se entabla un debate más que interesante)

Las guardias médicas: una esclavitud de nuestro tiempo

Un argumento a favor de las guardias

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