Botox vs Hialurónico… ¿playa o montaña?

botox acido hialuronico

Todos sabemos que internet ha sido fundamental en la divulgación de los conocimientos y de la información, sin embargo también reconocemos su lado oscuro, ese lado tan perjudicial y dañino que hace que todos nos informemos “mal”, nos creamos todo lo que leemos, opinemos de todo y sin saber, dejándonos llevar por un torrente  informativo para el cual no tenemos en ocasiones los conocimientos que nos permitan comprenderlo, de modo que tergiversemos la información,.. esto pasa cuando sustituimos al experto, al especialista, por SanGoogle, donde el artículo en cuestión lo ha escrito algún periodista, o ni siquiera, pero en cualquier caso, casi nunca un especialista en el tema.

El marketing por otro lado también ha contribuido de forma nefasta a este desmadre des-informativo.

Soy médico, y realizo tratamientos de Medicina Estética desde hace más de diez años, compaginándolos con mi trabajo de médico forense.

Bien, partiendo de esta premisa he de decir que cada vez que escucho a alguien manifestar que “se va a poner botox en los labios” se me cae algo al suelo,… el alma.

Es como oír a alguien decir que se va a poner el tinte de pelo en los ojos …. eso a cualquiera le chirriaría, obvio, pero con el tema del botox es otra cosa. Porque en realidad nadie sabe qué es el botox…. y los que lo saben casi mejor que no lo supiesen porque lo que creen saber es lo que leen en las revistas, lo que oyen en la televisión, lo que dicen las vecinas del cuarto…

De nuevo el marketing haciendo estragos… los periodistas y publicistas han dado a la palabra “botox” un uso comercial, porque suena bien, suena agresivo, suena a caro, suena a efectivo, a exclusivo. Es escuchar la palabra “botox” y nos ponemostodos  a temblar a la vez que sacamos la visa … como si de una cirugía se tratase….

Hoy día se utiliza la palabra “botox” para todo lo estético: botox capilar, crema efecto botox, botox para las uñas ….

Pero, ¿Qué conlleva la palabra botox realmente en estos tratamientos? nada. Es sólo un término de reclamo, que no significa nada, ya que ninguno de esos productos contiene el más mínimo resquicio de toxina botulínica, evidentemente, ya que ésta es de uso médico exclusivo.

Pero la gran duda llega cuando alguien se pregunta o me pregunta o me pide consejo acerca de si “es mejor ponerse botox o ácido hialurónico“. Pues bien, yo les digo, ¿Qué es mejor ir a la playa o a la montaña?

Cuando me preguntan por las diferencias entre ambos tratamientos me lo ponen francamente difícil, porque lo único que tienen entre ellos son diferencias, y ninguna similitud.

Como versa el chiste: ¿Qué tiene en común el tocino con la velocidad? ¿Y las churras con las merinas? Pues confundir botox con hialurónico es un error de similar envergadura, y por eso no lo vais a volver a cometer.

Primero hablaremos del ácido hialuronico, ese gran desconocido, se trata simplemente de un material denso, como una especie de gel, o si me apuráis es como una plastilina, hay varios tipos de materiales similares, el ácido hialurónico es sólo uno de ellos, antiguamente se utilizaban siliconas permanentes, que causaban muchos problemas a largo plazo, por lo que se acabaron sustituyendo por materiales biocompatibles como el colágeno o el ácido hialurónico, sustancias que se encuentran de forma natural en nuestro organismo y que con el paso del tiempo van desapareciendo. Estos material tienen dos funciones básicas, una es la de aportar volumen, es decir rellenar un surco o una arruga profunda, dar volumen a unos labios finos, rellenar una cicatriz, etcétera, y además, la otra es que captan agua una vez que son inyectados, porque están formados por unas mallas más o menos reticuladas que captan moléculas de H2O, y estas moléculas de hidrógeno quedan atrapadas en esas redes, de modo que la piel se rehidrata. Los hay naturales procedentes de animales, y los hay sintéticos, hoy día estos materiales son 100% seguros y no producen efectos secundarios importantes ni alergias. Los rellenos no permanentes, como es el caso del ácido hialurónico, vienen a durar entre 8 meses hasta dos años, dependiendo de la cantidad inyectada, del tipo de material, de la zona donde se aplica, de la causa por la cual se implanta, y del estado previo de esa zona.

Evidente es que no es lo mismo inyectar 1 cc. de ese gel en una arruga del entrecejo en una mujer de 35 años, que seguramante le durará dos años, a inyectar 1 c.c del mismo material a una señora de 60 años con sendos surcos nasogenianos, que lo más probable es que necesite otros dos viales más a la siguiente semana.

Pero esto ya es cuestión de la valoración experta del médico especialista que lo vaya a inyectar, y no nos ocupa el caso ahora.

Nosotros sólo pretendemos entender qué es el ácido hialurónico.

Bien, pues es la “plastilina” con la que vamos a rellenar nuestros surcos, algunas arrugas profundas, y a dar volumen a unos labios, o marcar unos pómulos, es un RELLENO, y como tal da VOLUMEN.

No sólo el uso de los rellenos es estético, algún ejemplo de su uso médico sería la remodelación de las mejillas en enfermos de VIH que han perdido la grasa de esa zona debido a la lipodistrofia propia que produce esa enfermedad, le devolvemos a la cara el aspecto que tenía, y el volumen perdido.

También se puede utilizar en grandes cicatrices o secuelas de viruela, o de graves  acnés, pudiendo así mejorar considerablemente el aspecto de la piel.

El ácido hialurónico, además de su utilidad ya dicha de aportar volumen y rellenar, tiene otro uso, esta vez utilizado en una forma menos densa, menos gelatinosa, es decir, menos reticulado o mejor dicho no reticulado, es un ácido hialurónico más acuoso, que no aporta volumen, pero que sin embargo hidrata mucho la dermis, en este caso lo utilizaríamos con la técnica denominada “mesoterapia”  facial, inyectándolo por toda la cara para que se produzca un efecto de captación de agua, hidratando todas las capas de la piel, pero sin dar en ningún momento volumen, sólo captaría agua, esto es una hidratación profunda excelente, como les digo a mis pacientes, “es como ponerse una buena crema hidratante, pero por dentro de la piel”.

Se puede inyectar solo o mezclado con vitaminas.

Por otro lado tenemos el “botox”, Botox es el nombre comercial que el laboratorio Allergan le ha dado a la toxina botulínica, ni más ni menos. La marca comercial de toxina botulínica para uso estético de Allergan es el famoso “Vistabel”.

Hablaremos con mucha más propiedad si decimos “toxina botulínica”, y no “Botox”, ya que no todas las toxinas llevan “Botox” por nombre comercial, es más, hay muchas otras. A lo cual decir que paradójicamente “Botox” el de las pocas marcas que no tienen autorizado un uso estético si no exclusivamente hospitalario.

Botox hospitalario? Os preguntaréis….

Oh qué raro, ¿No?. Pues no, el “botox” se emplea en multitud de patologías, algunas muy graves , y tan sólo algunas marcas comerciales están autorizadas para su uso estético, las arrugas.

Eso sí, nuestra estricta legislación en cuanto a tratamientos estéticos se refiere, que mucho dista de la de otros países, sólo autoriza la aplicación de la toxina en el tratamiento de las arrugas de expresión, en el tercio superior de la cara, y siempre y sólo en aquellos pacientes que tengan diagnosticado un problema real producido por esas arrugas. Es decir, que esas arrugas les estén produciendo algún trastorno psiquiátrico, como podría ser un complejo, una dismorfia, una fobia, un trastorno de ansiedad, una depresión etcétera..

Evidentemente esto nunca se hace así, porque entonces nadie tendría indicado inyectarse “botox” en las patas de gallo, así pues, aquí tan sólo hacemos la vista gorda y  punto com, como dice un amigo mío.

Pero, ¿Qué es la toxina botulínica?

Habréis oído hablar del botulismo, una grave enfermedad, que podríamos definir como la antítesis del tétanos, se trata de una neurotoxina elaborada por una bacteria llamada Clostridium botulinum, que es un veneno altamente poderoso.

Podemos encontrar esa toxina en una lata de conserva mal cerrada, por ejemplo, y al ingerirla nos intoxicaríamos con ella sufriendo la enfermedad llamada botulismo, esta enfermedad se caracteriza por el desarrollo de alteraciones vegetativas (sequedad de boca, náuseas y vómitos) y parálisis muscular progresiva que puede llegar a ser causa de muerte al afectar la función respiratoria.

Es una toxina controlada por la Convención de Ginebra y la Convención sobre Armas Químicas debido a su posible uso como arma biológica o agente de destrucción masiva.

Pero bueno, esto sería a unas dosis desorbitadas que no es el caso que nos ocupa, ni tampoco pretendo con esto asustar a nadie, ya que yo misma llevo inyectándome toxina desde hace diez años de forma habitual, yo a mí misma, y no sólamente estoy sana, si no que además creo estar bastante joven y pecando de narcisista también diré que bastante guapa, aunque este muy feo que yo lo diga.

Así las cosas, los médicos, viendo que esta toxina “paralizaba músculos”, empezaron a darle usos, primero en enfermedades médicas, como el estrabismo. Se pueden paralizar unos músculos del ojo y otros no a nuestro antojo y al nivel de parálisis deseado para que el ojo vaya y se dirija, en la dirección correcta, también se utiliza en graves parálisis espásticas con el fin de relajar los músculos del paciente, para que de ese modo no sufra estos espasmos tan incapacitantes y dolorosos, y pueda llevar un vida más digna, también es muy utilizado en niños con enfermedades del tipo de la parálisis cerebral, donde es fráncamente útil y mejora mucho su estado, y su calidad de vida. Otro uso médico de la toxina botulínica está en las contracturas graves, la epilepsia, etcétera.

La toxina botulínica ha revolucionado sin duda el tratamiento de muchas enfermedades, y su uso es incuestionable y obligado en cualquier hospital.

Entre otras aplicaciones habituales estaría el control de sudoración excesiva, algo que incapacita a determinadas personas para su actividad laboral o social habitual. Por los referidos motivos dije antes que la marca “Botox” es de uso exclusivamente hospitalario, y no cosmético, es más potente y más concentrada y por lo tanto también conlleva más riesgos.

Más tarde se pensó en emplear los beneficios de las parálisis musculares inducidas y controladas, para usos puramente estéticos, borrar las arrugas de expresión, a dosis más suaves y atenuada la toxina, pero sólo autorizada para mejorar o tratar las arrugas de expresión, que son aquellas que surgen al gesticular: cuando subimos las cejas arrugamos la frente; cuando fruncimos el ceño hacemos una arruga o dos, horizontales, en el entrecejo, ahí, en mitad de los dos ojos, y cuando reímos hacemos arrugas en forma de abanico alrededor de nuestros ojos, que pueden llegar hasta la mitad de la mejilla. Esas, y sólo esas son las arrugas de expresión que podemos eliminar con el “botox”, o así al menos nos lo permite nuestra vigente legislación. Porque la toxina relaja la frente, con lo que al subir las cejas no la arrugaremos, la toxina relaja los músculos corrugadores y el piramidal, que son los músculos del entrecejo, responsables de esa arruga tan característica, de “gruñón”, que desaparece al aplicar ahí la toxina. Del mismo modo, relaja los músculos periorbiculares, esos que rodean ambos ojos, y que aunque podamos seguir guiñándolos, riéndonos, o cerrándolos, las patas de gallo ya no aparecerán.

La toxina actúa como una plancha, útil para el tercio superior de la cara. Su efecto es progresivo, tarda unos cuantos días en empezar a notarse y del mismo modo desaparece entre los 2 y los 5 meses, también de forma gradual, por lo que es agradable y sutil, ya que no produce un cambio brusco en nuestro rostro, y los demás tampoco lo apreciarán así, de manera súbita.

Cabe decir que para que esto sea así, que quede bonito, uniforme, planchado pero natural, que se pueda seguir gesticulando, y que el efecto sea “no tener arrugas pero que no se note”, el tratamiento debe ser aplicado por un médico colegiado, titulado y con la formación adecuada y requerida.

Sólo de este modo, además de quedar bien puesto y bonito, evitaremos los riesgos o pequeñas complicaciones que de ello pudieran surgir.

He de decir que la toxina es muy segura y pocos son los peligros que pueda conllevar, siempre que sea aplicada por las manos expertas de un profesional (médico, no lo olvidemos, sólo un médico esta autorizado a ello).

En cuanto a riesgos de la toxina botulínica , existen algunos, como es habitual en tratamientos inyectables, como el típico hematoma, este es el riesgo más frecuente y habitual.

Un pequeño, o a veces un poco más grande, hematoma que desaparecerá sin más en unos días, aunque suelen ser bastante visibles debido a la zona en la que se producen… Yo lo llamo el “morado del pico de la mesilla de noche”, ejem…

Bien, también como efectos adversos podemos hacer una asimetría, … una ceja más alta que la otra, alguna arruga en una parte de la frente y en la otra no.. Pero esto no tiene ninguna importancia puesto que se corrige fácilmente inyectando un poquito más de toxina.

La toxina se aplica paralizando unos músculos más y otros menos, paralizando aquí y relajando allá. Es un juego de contrarios… y es una delicia de tratamiento, simplemente espectacular, si está bien aplicado.

A veces, como efecto secundario algo más molesto, puede producir una caída temporal de los párpados superiores sobre los ojos, por haber paralizado demasiado la frente, esto producirá pesadez de ojos y aspecto de vista cansada durante algunas semanas, pero es algo infrecuente y que no suele suceder, es raro, además es totalmente reversible.

Allá vamos.

Diferencias entre botox y ácido hialurónico:

Botox:

  • Es una toxina segregada por una bacteria.
  • Relaja los músculos allí donde se aplica.
  • El efecto conseguido es que el músculo se contrae menos y más suavemente de manera que no aparece el pliegue de la arruga.
  • Hace efecto plancha.
  • Uso: arrugas de expresión – tercio superior de la cara.
  • Duración: 4-6 meses

Ácido Hialurónico:

  • Es un gel denso.
  • Rellena y da volumen allí donde se aplica.
  • El volumen aumenta más después de inyectarlo puesto que capta agua con el tiempo.
  • Rellena arrugas profundas (surcos nasogenianos, y cualquier otra arruga pronfunda) y da volumen a zonas que queramos aumentar de tamaño (pómulos, labios)…
  • Duración: de 8 meses a 2 años.

Toda vez hemos introducido estos conceptos, y ahora que ya conocemos perfectamente nuestros dos tratamientos estrella, vamos a realizar un test para comprobar los conocimientos adquiridos.

Veamos si está más o menos comprendida la explicación anterior.

Llamaremos al botox: “plancha” y al ácido hialurónico: “plastilina”

A jugar:

  1. ¿Con qué solucionarías las arrugas de una falda? : plastilina/ plancha
  2. ¿Qué utilizarías para rellenar un sujetador ? plastilina /plancha
  3. ¿Con qué alisarías un pelo ondulado? plastilina / plancha
  4. ¿Cómo disimularías un hoyo o un agujero? plastilina / plancha

Que preguntas más absurdas, ¿No?

Bien, éstas lo son igualmente :

  1. ¿Qué te harías si tuvieses los labios finos y quisieras tenerlos más carnosos?: plastilina/plancha
  2. ¿Qué te harías para alisar esas patas de gallo que además en verano se te quedan blancas?: plastilina / plancha
  3. ¿Con qué disimularías los surcos alrededor de la boca ? plastilina /plancha
  4. ¿Qué te pondrías en la cara para alisar esa frente con tantas líneas paralelas?: plastilina / plancha

Ahora ya sabes qué quieres mejorar en tu cara y con qué hacerlo.

Sin embargo, no es tan sencillo como parece, porque no todo es saber para qué sirve cada tratamiento, si no cuándo está indicado.

Habitualmente escucho a señoras de 40 años decir que aún son muy jóvenes para empezar a inyectarse botox. Para aclarar esto he de decir que no hay ninguna edad para empezar, y que además, una vez que se empieza no es obligatorio seguir toda la vida con ello, ni mucho menos, a no ser que uno desee hacerlo claro está.

Indicaciones de la toxina que no conoces:

1-Tengo 25 años y una sola arruga en el entrecejo muy marcada.
Indicación: botox cada año, o dos veces al año, sólo en esa arruga, esto evitará que siga progresando y acabe rompiéndose la piel a ese nivel. En cuyo caso a los 40 años está paciente deberá, para solucionar esa arruga ya con piel rota y muy profunda, poner en ella un relleno (hialurónico) porque la toxina por sí sola ya no lo podrá solucionar.

La piel es como una hoja de papel, si la doblas y la desdoblas mil veces al día, al final se romperá y la doblez ya no se podrá eliminar con la plancha, porque una vez se rompe se forma una depresión más o menos profunda que habremos de rellenar con algún material como el ácido hialurónico por ejemplo.

En este caso utilizaremos la combinación de ambos tratamientos; rellenar la arruga y aplicarle toxina para alisarla. Es una buena combinación, en la que ambos tratamientos se complementan, aunque son, como ahora sabéis, totalmente diferentes, se pueden emplear para la misma zona siempre que esté indicado.

2- Tengo una boda y quiero ir guapa pero no quiero estar pinchándome botox el resto del año. Perfecto pues botox para la boda, que no “botox como para una boda”, después se eliminará de forma progresiva y no existirá obligación alguna de repetir. Indicación: inyectar la toxina un mes antes del evento con el fin de evitar sorpresas o hematomas. Llegados a este punto, he de decir que de estos casos no he visto ninguno en diez años, porque después de la boda todos siguen poniéndose botox regularmente, porque se ven estupendos.

3- Tengo una asimetría en la cara, una parálisis facial, una cicatriz etc… Indicación: el botox es un tratamiento seguro y muy eficaz para igualar este tipo de defectos faciales.

4- Quiero lucir unos labios más gruesos pero no quiero parecer una “morcilla” como las de la tele… Indicación: se puede inyectar una pequeña cantidad de ácido hialurónico, la cantidad que se quiera, tan sólo un poquito en el perfil labial dará un resultado natural, discreto y conservará la forma de los labios sin ningún tipo de alteración anatómica,  deformidad labial o desorbitada.

Como suelo decir a mis pacientes “te pongo un poquito y me cuentas, que para ponerte más tengo toda la vida”. Al final, una vez más, siempre acaban queriendo más, y es ahí donde está el médico con toda su ética médica para decirle NO. “Más No”.

Todo lo que se haga de forma progresiva es más natural y desapercibido, y por lo tanto más bonito.

5- Tengo 60 años, nunca me he puesto nada y tengo muchísimas arrugas. Indicación: nunca es tarde para empezar, pero aquí seguramente tendremos que combinar ambos tratamientos, el relleno para las arrugas más profundas y la toxina para alisar un poco el tercio superior de la cara.

6 – Tengo las cejas caídas y los párpados superiores me dan un aspecto de vista cansada. Indicación: en este caso con el botox podemos levantar un poco la cola de la ceja, de manera que al subir levante el ojo levemente, además, si relajamos el músculo orbicular el párpado subirá lo justo para que tu aspecto de vista cansada desaparezca.

7 – Tengo 30 años y no tengo arrugas pero no quiero tenerlas en el futuro.  Indicación: un hialurónico al año para mantener los surcos intactos, e hidratados y compactos, de modo que no se nos vaya “cayendo la cara con la edad”,  más una aplicación de toxina al año para evitar el estar doblando y desdoblando la piel continuamente, y así evitar que las millones de dobleces al llegar a los 50 años hayan roto la piel y nos encontremos una depresión en ella.

Esta paciente estará más o menos igual que hace 20 años, porque la arruga no se habrá formado durante ese tiempo, así se habrá ahorrado 20 años de doblar y desdoblar la piel de su cara, con lo que seguirá lisa. Además, el surco nasogeniano estará mas o menos estable y sujetando las mejillas, ya que le hemos estado aportando lo que habría perdido de forma natural en esos años.

Éste es, sin lugar a dudas, el caso fetén de medicina estética preventiva.

Y ahora espero que a vosotros también os chirríe el oído interno cada vez que escuchéis a alguien por la calle o en una revista o en la tele, decir que “se va a poner botox en los labios” y penséis que si se lo pusiera de verdad se le paralizaría la boca durante 3 meses, y así no podría decir más tonterías como esa.

Dra. Sylvia Lladó

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