Detrás de la enfermería

Dicen que si en un hospital faltasen los médicos todo sería extremadamente difícil. Pero que si faltasen las enfermeras y enfermeros todo sería simplemente imposible. Como sucede tantas veces, mientras los focos y la atención apuntan hacia un lado, por detrás hay todo un equipo de personas que velan para que todo funcione correctamente y que sin ellas el sistema al completo se desmoronaría. Hablamos con Esperanza Ramírez, casi treinta años de enfermera en la sanidad pública andaluza, “de lo que me siento orgullosa, que es algo que hay que decir en los tiempos que corren”.

Ahora mismo Esperanza está en la unidad de Paliativos del Hospital de San Lázaro, es decir, se dedica a los cuidados de pacientes en fase terminal. Pero ha hecho de todo dentro del ámbito de su profesión: reciclaje y actualización de conocimientos, supervisión en UCI y en Medicina Interna, gestión económica y de recursos humanos y hasta profesora asociada clínica en la universidad, algo que le dio especial satisfacción. “Ahora he decidido volver a ser enfermera de ‘a pie de cama’, porque durante los años de supervisora tenía muy pocas ocasiones de tratar directamente con el paciente o su familia”. La familia a veces es una parte de su trabajo tan importante como el propio paciente. “En paliativos, la atención a la familia es fundamental, les acompañamos y apoyamos cuando llega el final”.

 

¿No es algo extremadamente duro trabajar en cuidados paliativos?, le preguntamos. “Claro que es duro. Cuando la persona se acerca al final de la vida y no tiene nada que ver la edad, te muestra los aspectos más íntimos de su ser, manifiesta deseos, sentimientos, temores, que de otra manera o en otras circunstancias nunca hubiera hecho”. Es un área donde el componente médico y el de apoyo moral van de la mano. “Tienes que desarrollar habilidades que no vienen en los manuales: escuchar, empatizar, apoyar en la toma de decisiones, manejar situaciones de duelo y sobre todo, aprender a no emitir juicios de valor, a no juzgar”. ¿Y cómo se sobrelleva un trabajo donde tus pacientes siempre terminan falleciendo? “Pues mira, me siento bien y útil cuando cualquiera de mis acciones tienen resultado y lo ves de manera inmediata. Eso ayuda a seguir”.

Vamos a dar una vuelta por el día a día de una enfermera, qué hace desde que llega hasta que se marcha. “Hago turnos de 12 horas. Se empieza de mañana con la administración de medicamentos y luego analíticas, curas, pruebas, etc. Después de que pasa el médico se ajustan los tratamientos. Luego, al final de la mañana, reunión de todo el equipo para ver los casos uno por uno. Luego están los imprevistos, claro: fallecimientos, urgencias, rescates (las analgesias extras que hay que hacer a veces), etc.” ¿Y las noches, son más tranquilas? “Desgraciadamente no. Hay menos carga, pero se hace realidad el viejo mito de que por la noche todo se vive peor y no siempre es fácil conseguir que descansen”.

Algo que nos preguntamos todos: ¿cómo es la relación médico-enfermera? Entre películas, libros y series uno termina haciéndose una idea de jerarquías que a lo mejor no es real. “El trato con el médico es algo que ha cambiado a velocidad de vértigo en pocos años. Se ha pasado de la más estricta relación jerárquica a una relación entre profesionales que forman parte de un mismo equipo”. ¿Y la gente normal, el ciudadano de a pie, cómo os ve? “Ahora tenemos mucha mejor imagen, pero lo que hay es un desconocimiento de la labor que hacemos, a pesar de que somos los que más tiempo pasamos con los usuarios. Habría mucho que trabajar por ahí”.

Antes de despedirnos le preguntamos si aparte de enfermera hubiese querido ser otra cosa. Esperanza nos sonríe y dice con un guiño “sí, periodista. Estoy a tiempo, ¿no?”. Con lo bien que se comunica desde luego que sí. A lo mejor eso es lo que hace falta: una enfermera que sepa contar así de bien cómo es una de las profesiones más importantes del mundo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *