Hoy queremos poner el foco en una de esas enfermedades que los oftalmólogos llaman “el ladrón silencioso”: el glaucoma.
A menudo, cuando oímos hablar de glaucoma, pensamos automáticamente en “tensión ocular alta”. Pero, ¿sabías que hay personas con la presión alta que no tienen glaucoma y personas con la presión normal que sí lo sufren?
Por ello vamos a desgranar qué es realmente el glaucoma, por qué es tan traicionero y qué pruebas son las que de verdad marcan la diferencia.
¿Qué es el glaucoma? (No es solo una cifra en el tensiómetro)
Para entenderlo de forma sencilla: el glaucoma es una enfermedad del nervio óptico. Este nervio es como el “cable” que lleva las imágenes desde el ojo hasta el cerebro. Si ese cable se daña, la conexión se pierde.
El principal sospechoso de este daño suele ser la Presión Intraocular (PIO). Dentro del ojo tenemos un líquido llamado humor acuoso que entra y sale constantemente. Si el sistema de “drenaje” falla, el líquido se acumula, la presión sube y el nervio óptico sufre.
Sin embargo, el glaucoma es complejo. El daño depende de la resistencia de cada nervio óptico; hay ojos muy resistentes a presiones altas y otros muy frágiles que se dañan con presiones consideradas “normales”.
El gran problema: no avisa hasta que es tarde
El glaucoma más común (el de ángulo abierto) no duele, no pica y no provoca una pérdida de visión evidente al principio. El cerebro es experto en “rellenar” los huecos que vamos perdiendo en la visión periférica (lateral), por lo que el paciente no nota nada hasta que la enfermedad está muy avanzada y la visión se vuelve “en túnel”.
¿Cómo se detecta realmente? Más allá de “el soplo de aire”
Muchos pacientes creen que con la prueba del soplo de aire en la óptica (que mide la presión) es suficiente. Pero para un diagnóstico con rigor, los oftalmólogos necesitan mirar “dentro” del ojo:
- Tonometría: para medir la presión intraocular (la cifra de referencia suele estar entre 12 y 21 mmHg).
- Paquimetría: mide el grosor de la córnea. Es clave, porque una córnea muy fina o muy gruesa puede darnos una lectura de presión falsa.
- Campimetría (campo visual): sirve para ver si ya hay zonas “ciegas” en la periferia que el paciente aún no nota.
- OCT (Tomografía de Coherencia Óptica): es, quizás, la prueba estrella. Es como un escáner que mide el grosor de las fibras del nervio óptico con una precisión microscópica. Permite detectar el glaucoma años antes de que el paciente pierda visión.
¿Se puede tratar el glaucoma?
¡Por supuesto! La clave es que el daño que ya se ha producido es irreversible, pero podemos frenar que siga avanzando.
- Colirios: gotas diarias que reducen la producción de líquido o mejoran su salida.
- Láser (SLT): una opción muy eficaz y cómoda que ayuda a que el ojo drene mejor sin necesidad de cirugía.
- Cirugía: reservada para casos donde la presión no se controla con lo anterior.
Nuestro consejo
Si tienes más de 40 años, antecedentes familiares de glaucoma o alta miopía, no esperes a “ver mal”. Una revisión anual que incluya el fondo de ojo y la toma de presión es la única forma de ganarle la partida al glaucoma.
Como siempre decimos: en salud ocular, la prevención no es una opción, es la mejor medicina.
Instituto Oftalmológico Tres Torres
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