Uso de fármacos para la ansiedad y depresión durante el embarazo

En algunas ocasiones, los psicofármacos para la ansiedad y la depresión son necesarios durante el embarazo, ya que las pacientes muchas veces no toleran la reducción o suspensión del tratamiento.

Entre un 2 – 4 % de los recién nacidos presentan alguna malformación significativa, y hasta el 12 % pueden tenerla en menor grado.

Los porcentajes de malformaciones en recién nacidos, hijos de mujeres que se encuentran bajo tratamiento con antidepresivos, antipsicóticos o ansiolíticos tienen valores que no son significativamente diferentes a los de la población general. Esto quiere decir que a pesar de que existe un riesgo, hay que evaluar el beneficio, y si si es necesario tratar a la mujer con medicamentos psicofármacos de mayor seguridad.

Uso de ansiolíticos en mujeres embarazadas

Las últimas investigaciones científicas aportan datos muy relevantes. El diazepam (valium) es el ansiolítico que se prescribe con mayor frecuencia en todo el mundo para tratar embarazadas con trastornos de ansiedad.

La American Academic of Pediatrics indica que, para tratamientos de ansiedad limitados en el tiempo, es preferible recetar son preferibles el lorazepam y el alprazolam (trankimazin), mientras que en tratamientos prolongados propone el lorazepam, ya que con el alprazolam existe un mayor riesgo de dependencia. No deberían indicarse en ningún caso el triazolam y el flurazepam.

Siempre que sea posible, se recomienda evitar los ansiolíticos entre la tercera y la octava semana de embarazo, y poco a poco disminuir la dosis antes del parto.

La depresión durante el embarazo se asocia con:

  • Riesgo más alto de parto prematuro.
  • Menor peso al nacer.
  • Baja puntuación en el test de Apgar.
  • Hipertensión gestacional.
  • Partos por cesárea.
  • Depresión postparto.
  • Desnutrición.
  • Tabaquismo e ingesta de alcohol y de medicamentos.

Por eso, en algunos casos y por el propio beneficio del bebé es necesario aplicar un tratamiento farmacológico.

Un estudio publicado en 2005, indica que hasta un 2% de recién nacidos hijos de madres que durante el embarazo han sido tratadas con paroxetina (seroxat, frosinor) habrían sufrido malformaciones cardiovasculares, por lo que la FDA americana y otros otros organismos sanitarios desaconsejaron su uso durante el embarazo. Otros estudios realizados posteriormente descartaron ese porcentaje de malformaciones, por lo que, en 2008, el American Journal of Psychiatry concluyó que la paroxetina no está asociada a un mayor riesgo de que el recién nacido sufra alguna cardiopatía. Sin embargo, es recomendable por el momento evitar el uso de paroxetina en embarazadas.

Fármacos para ansiedad y depresión

Si hubiera que establecer de forma fija el tratamiento con fármacos para la ansiedad y depresión, a partir del segundo trimestre, se debe comenzar su reducción antes del parto para alcanzar la menor dosis eficaz posible, evitando así los síntomas de la retirada del medicamento en el recién nacido, principalmente irritabilidad, dificultad del sueño y temblores. Estos síntomas generalmente desaparecen después de algunos días.

La presencia de depresión durante el embarazo y tras el parto, puede tener efectos negativos en el desarrollo del lenguaje, la conducta y el nivel intelectual del niño. Esto no quiere decir que las pacientes deban tomar medicamentos psiquiátricos durante el embarazo, pero sí deben consultar con un especialista, para que éste evalúe de manera correcta la necesidad, beneficio y riesgo de los psicofármacos.

En caso de estar embarazada no es recomendable suspender la medicación de golpe, se debe acudir a un especialista y solicitar información sobre cómo reducir las dosis del medicamento.

Si necesitas más información sobre este tema, consulta con un experto en psiquiatría, quien podrá ayudarte y resolver todas tus dudas.

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  • Siempre es mejor un tratamiento farmacológico bien llevado por un profesional que la angustia y sufrimiento incalculable durante el embarazo que sufren algunas mujeres. El objetivo es dar vida, disfrutar el proceso, con inquietudes naturales, no paralización de la vida. Sentir que te estas muriendo simbólicamente durante el proceso no crea buenas perspectivas para el embrión que está por nacer. Si, es cierto, hay medicación que no aporta riesgo. Tengo y he tenido pacientes medicadas, aparte de estar con apoyo psicológico, que han podido ser madres, con determinado monto de ansiedad e inquietud, pero no, con pensamientos horribles sobre el proceso que están viviendo. La escucha y entender porque se sienten así, si deseaban ser madres, es un buen método también para aliviar los miedos y, si se puede obviar la medicación y más si van a amamantar, mejor. menos culpa de dañar al embrión.