Alicia y la madriguera: amar y resistir en la adversidad

Alicia sufre cuando el conejo le niega el amor. Le dice que no puede amar a alguien carente de la fortaleza necesaria para amar, tanto a sí misma como a los demás.

La lección del conejo nos enseña muchas cosas sobre amar y resistir en la adversidad. En principio tres apartados podrían estar en la agenda de una persona confinada capaz de amar. La primera es adaptarse a las nuevas circunstancias, la segunda preservar su identidad y la tercera, relacionarse tanto con la familia como con su entorno social. Veámos.

Adaptarse a las nuevas circunstancias

Adaptarse es tener la capacidad de introducir una serie de cambios en la conducta para vivir sin sufrir las nuevas circunstancias. Por ejemplo, algo concreto como comer un poco menos cada día para ajustarse a la falta de actividad. O bien algo abstracto como tratar de no añorar las visitas al pub, o aprender a disfrutar de la lentitud.

La capacidad de adapatación tiene mucho que ver con algún tipo de inteligencia emocional o capacidad de desapego.

Preservar la identidad

Corresponde a la necesidad de sentirse uno mismo, de reconocerse, cuidarse y amarse. Se materializa en la realización de las actividades que a cada persona le son propias, si no todas, al menos algunas de ellas. Tocar la guitarra, si siempre se ha hecho, escribir, pintar, leer o bailar. Todo el mundo tiene una serie de actividades donde se encuentra siendo él mismo y que le reportan placer y seguridad.

Relacionarse con la familia y con el entorno social

Las relaciones suponen dos retos distintos. Uno, la convivencia diaria de la familia, forzada ahora a compartir un espacio limitado. Sostenible solo si todos asumen colaborar con la tarea de conservar el bienestar común. Y dos, las relaciones fuera de casa con amigos y compañeros, que producen un sentido de pertenencia a una comunidad y de ser alguien en la sociedad.

Propongo entonces, incorporar hábitos nuevos y facilitar la adaptación a las nuevas circunstancias. Cuidar los hábitos viejos que fundamentan de identidad de cada uno, en la medida de lo posible, creando espacios para lo privado. Propongo cuidar las relaciones familiares para promover el bienestar conjunto, participando en actividades y juegos. Y propongo mantener el contacto con el exterior usando las tecnologías que facilitan una relación normal con iguales y promover el cuidado reciproco de tipo amistoso.

En definitva, propongo convertir los actos amorosos hacia uno mismo y hacia los demás en el pilar de esta madriguera. Aprovechar el tiempo para mejorar como ser humano y ganar autenticidad y vigor. Teniendo en cuenta que, como a Alicia en el país de las maravillas, cada situación ofrece algo nuevo para aprender. El conejo blanco no ama a cualquiera.

José Oriol Rojas Martín, Psicólogo

José Oriol Rojas Martín, Psicólogo en Masquemedicos

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