Aprende a ser optimista

“No vemos las cosas como son, sino como somos”

Jiddu Krishnamurti

El optimismo es la fuerza interior que nos ayuda a no rendirnos ante la adversidad, a luchar por sobrevivir cuando nuestras vidas peligran, y a esforzarnos por alcanzar nuestras metas cubriendo así necesidades vitales y ganando confianza en nuestra capacidad de ser felices, pilar de la autoestima.

Las personas optimistas son más emprendedoras, obtienen más éxito en sus proyectos y empresas, disponen de más confianza en sí mismos y en la vida, enferman menos y sufren menos que las personas pesimistas.

En todos los estados depresivos –sin excepción– la persona presenta un pensamiento negativo respecto a sí mismo, el mundo y el futuro. En estos estados sufrimos un pesimismo en estado puro. La mente ante muchas circunstancias graves y dolorosas imagina un futuro desolador, se tiñe de negro y ve oscuridad por todas partes.

Lo esperanzador es que puedes aprender a ser optimista y de este modo afrontar los problemas cotidianos con mayor éxito y menos sufrimiento y desgaste. Hasta los mayores problemas tienen solución si somos capaces de ver las cosas de siempre con nuevos ojos. Y en esto consiste el optimismo.

A continuación te presento trece ideas que te enseñarán a ser positivo y optimista en muchos momentos del día y muy en especial ante las circunstancias adversas:

Entrena tu atención interior para detectar con rapidez tus estados mentales en cada momento del día

Lo que sientes, lo que piensas, lo que te dices, tus deseos, tus impulsos. La atención interior la puedes entrenar mediante la práctica meditativa. Te dejo aquí un link. Si durante tu práctica meditativa aparecen pensamientos negativos, etiquétalos como “pensamiento negativo” y vuelve a tu foco de atención, tu respiración por ejemplo, con amabilidad.

Aprende a hablarte a ti mismo con un lenguaje positivo

Apóyate ante la adversidad, acepta y aprende de los errores propios y ajenos; acompáñate durante las metas que requieren un esfuerzo sostenido en el tiempo; cálmate ante el peligro; frena y párate ante tus primeros impulsos; sé compasivo contigo en las caídas y date un tiempo para reflexionar, comprender lo ocurrido, recuperar fuerzas y seguir tu camino. Emplea afirmaciones positivas para hablarte y sustituir los pensamientos negativos. Reprográmate.

Conócete bien

Conoce tus fortalezas y debilidades. Desarrolla las primeras y atiende a las segundas para que no te frenen. El conocerte bien a ti mismo te va a ayudar a establecer metas realistas y estas te permitirán avanzar en tu desarrollo personal. Este crecimiento te proporcionará muchas satisfacciones y te ayudará a ganar confianza en ti mismo. Todo este proceso te ayudará a ser optimista respecto a ti mismo, tu futuro y el ser humano.

Sé proactivo y vive con propósitos, metas y planes de acción

Tod@s tenemos sueños y deseamos hacerlos realidad, pero muy pocos de nosotros estamos dispuestos a pagar el precio que ello requiere en tiempo y esfuerzo. Piensa seriamente en lo que quieres e investiga si tu propósito es realista y si te va a ayudar a ser feliz. Después define tu sueño por escrito en un sólo párrafo de forma sencilla. Lo que deseas conseguir y lo que vas a hacer cada día para alcanzarlo. Establece objetivos a corto plazo que te ayuden a acercarte cada día un poco más a tu meta. Comienza hoy mismo. Ahora si puedes.

Entrena tu mirada para ver el vaso medio-lleno

En la vida siempre hay cosas que tenemos y podemos valorar –vaso medio lleno–, y cosas que nos faltan y deseamos alcanzar –vaso medio vacío–. Para lograr centrarte en lo positivo puedes hacer dos cosas. La primera es hacerte estas preguntas en muchos momentos del día: ¿Qué posibilidades me ofrecen estas circunstancias? ¿Cómo puedo hacer para que tod@s salgamos ganando? ¿Qué necesitamos en esta situación? ¿En qué parte he contribuido yo a estos resultados positivos?. La segunda es llevar un Diario de Gratitud en el que escribes cada día algunas cosas buenas que te sucedieron ayer, otras que han sucedido hoy y unas terceras que podrías hacer mañana. Con estas dos prácticas desarrollarás el hábito de pensar y vivir en positivo.

Pasa a la acción

El pensamiento positivo es el que te lleva a la acción eficaz. Es el que te ayuda a comprender bien dónde estás, hacia dónde quieres y necesitas ir, y qué debes hacer para llegar hasta tu meta. Como dijo Goethe en una ocasión: “Sea lo que sea aquello que piensas que puedes hacer o que creas que puedes hacer, empieza. La acción tiene magia, gracia y poder en sí.” La acción te aportará experiencia. Esta confianza. Y esta última, optimismo.

Cultiva la disciplina, la concentración y la perseverancia

Todo camino comienza por dar un primer paso. Ten el fin en mente desde el principio –y hasta el final– para recordarte tu propósito y el lugar a donde quieres llegar. Esto mejorará tu concentración. Tus progresos te ayudarán a ganar confianza y motivación. Valóralos cada día por pequeños que sean. Atiende también a las dificultades y obstáculos tanto externos como internos. Las distracciones cotidianas son un ejemplo.

Aprende de tus errores y míralos como partes esenciales del camino

Ante la acumulación de varios de ellos y la presencia de una crisis, párate a analizar los hechos. Observa y distingue hechos de pensamientos, sentimientos y deseos. Pregúntate qué puedes aprender de lo sucedido. Los errores son una oportunidad de aprender justo aquello que más necesitas aprender.

No te rindas ante la adversidad

Ante las dificultades y en situaciones extremas es cuando más necesitas emplear el pensamiento positivo. Hazte buenas preguntas que te lleven a posibles soluciones. Ve las cosas como no las habías visto hasta ahora. Sé creativ@ y atrévete a pensar diferente. Cambia tú cuando no puedas cambiar las circunstancias. Descubre la oportunidad y el reto que esconden tus actuales circunstancias.

Pide ayuda siempre que la necesites y ofrécela antes de que te la pidan

Esta idea está asociada al principio de dar y recibir. Si eres generoso y te das a los demás a diario, harás bien en pedir ayuda cuando la necesitas. Observa que no te inclinas hacia ninguno de estos polos en exceso. La generosidad es positivismo en acción.

Alimenta tu optimismo y tu actitud vital positiva eligiendo cuidadosamente las personas a quienes te acercas y el modo en que te diviertes y descansas

Hay muchas películas, series, programas, documentales, ensayos y novelas que transmiten positividad de mil formas. Si te sorprendes a ti mismo viendo o leyendo o visitando una serie, un ensayo o una exposición que te transmite negatividad, déjalo al instante. Tu mente es como un jardín en el que plantas semillas y las cuidas, y donde nacen malas hierbas sin que tú te lo propongas. El pesimismo y la negatividad son la mala hierba que debes arrancar de tu jardín tan pronto como la descubras.

Cultiva un espíritu de crecimiento continuo

Es probable que te descubras a ti mismo pensando y actuando con pesimismo y negatividad en algunos momentos de tu vida. Cuando esto ocurra, lo primero que puedes hacer es admitirlo. Después comprende que la mala hierba puede aparecer y aparece también en tu jardín. A continuación, reflexiona sobre cómo abordar tus circunstancias desde una actitud positiva y con optimismo. Por último, pasa a la acción.

Enseña a los demás a ser optimistas y positivos

Cuando veas que lo necesitan y cuando te parezca oportuno, hazlo. Puedes hacerlo con buenas preguntas que les ayuden a ver lo que tú intuyes. Puedes hacerlo elogiando aquellas cosas que te gustan y aprecias de ellos. Puedes contagiar tu optimismo compartiendo reflexiones, pensamientos y experiencias cotidianas. Puedes generar en tu círculo familiar y social una cadena de positividad que se extienda hasta el infinito y más allá.

Y recuerda esto: “Tú no puedes alfombrar el mundo, pero sí puedes hacerte unas cómodas zapatillas para recorrerlo alegremente”

Andrés Gaspar, psicólogo sanitario

Andrés Gaspar de Andrade
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