¿Por qué no puedo llorar?

En muchas ocasiones las personas que han vivido un suceso traumático se encuentran sobrepasadas por varías reacciones emocionales, y una de ellas es la sensación de no poder llorar. Es paradójico porque para la mayoría de nosotros llorar es entendido como una reacción innata, una expresión fisiológica automática que nos permite desahogar y regularnos tras encontrarnos con una situación que no esperábamos o que nos duele, pero no siempre esa reacción existe.

Las personas que no pueden llorar ante una situación de impacto, tienen miedo de haberse vuelto unos seres fríos, pasivos, insensibles y poco empáticos ante desgracias propias y/o ajenas. Incluso la posibilidad de que haya en su ser algún trastorno de personalidad subyacente o algún problema fisiológico que impida llegar a ese punto de desahogo emocional.

¿Qué nos impide llorar?

En el Centro Médico St. Paul-Ramsey de Minnesota, han estudiado la bioquímica de las lágrimas emocionales observando que se encuentran dosis de cloruro de potasio, manganeso, endorfinas, prolactina, adenocorticotropina y analgésicos naturales como la leucina-encefalina. La alteración de órganos como la tiroides o la producción de hormonas como la adenocorticotropina podrían generar respuestas en el ser humano diferentes a las habituales, y llorar podría ser una de ellas.

  • Cuando sentimos que estamos ante un peligro o sufrimos un shock fuerte nuestro sistema nervioso autónomo se prepara para reaccionar evaluando de forma automática si es bueno luchar o huir, y que rédito sacaríamos de cada respuesta. Pero hay situaciones en las que el peligro es tan impactante, como sucede en los casos de abuso sexual, que la persona activa la rama parasimpática de su sistema nervioso autónomo y la reacción es el bloqueo, la pasividad, la ausencia de respuesta, un piloto automático que no coordina ninguna emoción. Esa ausencia de respuesta se puede prolongar en el tiempo haciendo que aunque queramos llorar nuestro cerebro todavía no responda y nos sintamos impedidos.
  • Aprendizaje. Las respuestas que nuestros padres nos daban ante nuestras reacciones cuando éramos niños van a dejar una huella. Si cuando nosotros llorábamos de pequeños lo que escuchábamos era: los niños no lloran, no seas tonta mira cómo te pones, llorar es de débiles, sigue llorando que ya verás cómo lloras con razón… Al final entenderemos que llorar no es una respuesta adecuada por lo que tenderemos a bloquear esa respuesta en la edad adulta.
  • Personalidad. Los temperamentos que tienen más tendencia al autocontrol, a la autorregulación y la rigidez emocional tendrán respuestas diferentes a estímulos en los que habitualmente la reacción principal es el llanto. Esto no quiere decir que llorar sea una respuesta mejor o peor que otras, simplemente hay determinados perfiles de personalidad que se desahogan de maneras diferentes.
  • Presión. El llanto es un síntoma de cercanía social, cuando lloramos recibimos el cariño y la atención del otro. Por eso cuando nos sentimos bajos de ánimo ante un evento traumático las personas de nuestro alrededor nos pueden estar presionando indirectamente para que lloremos, para que soltemos nuestro lastre de esa forma pensando que no queremos o no nos abrimos a ellos intencionadamente. Eso puede generar una sensación de inquietud y desasosiego que nos lleva a cuestionarnos, ¿tienen razón?, ¿por qué no puedo llorar como los demás?, ¿qué me pasa?.
  • Diagnósticos subyacentes. En ciertas personas no poder llorar es la punta del iceberg. No es que no puedan llorar es que directamente no sienten nada, el vacío interior les inunda ante cualquier estímulo. Si nos encontramos ante esta situación sería necesario la revisión del caso por parte de profesionales, tanto psicólogos como psiquiatras para poder abordar la situación de la mejor manera posible.

Si no existe ninguna predisposición física lo más probable es que las lágrimas lleguen más pronto que tarde y en un contexto en el que para nosotros haya fluidez y un sentido personal, que no tiene por qué ser el mismo para todo el mundo. Incluso puede que no lleguen y descubras que canalizas mejor el malestar a través de otro tipo de respuesta o de acción. Si esta situación te preocupa puedes consultar con un profesional de la psicología y quizá en un espacio que identifiques como seguro toda esa emoción fluya de manera innata.

Silvia Santana
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