Trastornos alimentarios en niños y adolescentes

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niño comerEn las situaciones vitales donde aparecen dificultades alimenticias es importante descartar desde el primer momento la existencia de causas orgánicas. Existe mucha tendencia a generar demoras temporales, es cuestión de gustos, es porque el niño come mal, es porque está cansado… La realidad es que lo recomendable es acudir al pediatra ante trastornos de la conducta alimentaria que surjan en la primera infancia que va desde el nacimiento hasta los 6 años.

Una vez descartada una causa orgánica ya se pueden analizar otros parámetros como la relación entre los vínculos paternos y maternos con el niño, la estructura que se realiza en casa en torno a ese momento de la ingesta. Es importante reconocer que en el área de la alimentación se genera una interacción de diversos factores, desde las habilidades motrices del niño, su estado emocional, el espacio sensorial y el estado personal de los padres.

El trabajo del psicólogo ante los trastornos alimentarios en niños

El objetivo del psicólogo es encontrar aquellas secuencias que se repiten en el ámbito familiar y que están bloqueando la conducta alimentaria equilibrada que debería de tener el menor en esa etapa evolutiva.

A medida que aumenta la edad del niño y llegamos a la adolescencia encontramos, a través del Instituto Nacional de la Salud Mental, que el perfil habitual de pacientes es el de mujeres adolescentes que padecen de anorexia nerviosa, bulimia o comida compulsiva.

Estas problemáticas no desaparecen por si solas y no evidenciarlas puede traer consecuencias graves a nivel físico y psicológico. En muchas ocasiones los trastornos alimentarios se encuentran vinculados a otro tipo de trastornos en la salud mental como pasa en casos de adicción a sustancias o psicofármacos o en estados de depresión mayor.

El psicólogo interviene desde diversos puntos, reconociendo el inicio de la problemática, entrenando el control de impulsos, aportar información que le centre en la salud como objetivo, aprender a reemplazar pensamientos y conductas destructivas, fomentar el autoestima que está muy deteriorada en este tipo de casos. A veces es necesario incorporar sesiones de terapia familiar que permitan que los familiares entiendan la situación, descubran que actitudes son más favorables para el tratamiento y que no.

Suelen ser tratamientos de larga duración, la intervención va de la mano en multitud de ocasiones del servicio médico especializado o de un profesional de la psiquiatría que acompañe la psicoterapia con fármacos adecuados al caso.

Los padres es interesante que presten atención a los cambios de rutinas y de estados de ánimo, a las conductas de aislamiento, al cambio repentino de amistades y al cambio de patrones alimenticios como por ejemplo conductas de restricción de comida.

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